EL MAÑANA EMPIEZA HOY (Documento Central de la 2º Asamblea Estatal de Socialismo 21)

Artículos

Documento Central de análisis para la II Asamblea Federal de Socialismo 21

1. De la crisis: ¿la barbarie sin alternativa?

2. Caracterización de la fase

3. El mañana empieza hoy

4. La construcción de la izquierda transformadora y sus retos

5. Construir Socialismo 21: Objetivos y tareas

 

1. De la crisis: ¿la barbarie sin alternativa?

El problema estratégico y fundamental de la crisis civilizatoria actual reside en la desaparición en la conciencia de  las clases trabajadoras de la  deseabilidad y factibilidad de una sociedad alternativa al modo de producir, consumir y vivir del capitalismo, es decir, la falta de un imaginario social de eso que históricamente las clases subalternas han llamado socialismo.

No parece posible, a medio y largo plazo, resistir, luchar y organizarse con una subjetividad bloqueada  y desnortada. De ahí, que la reconstrucción del poder social de las clases subalternas tenga un componente político-cultural fundante: organizar un imaginario emancipador alternativo a la crisis del capitalismo realmente existente.

La disyuntiva “socialismo o barbarie” intentaba, expresivamente,  poner de manifiesto  la enorme involución civilizatoria que supondría la continuidad de un capitalismo en decadencia  ante la imposibilidad de construir una alternativa revolucionaria. Las palabras de Rosa Luxemburgo siguen teniendo hoy la misma fuerza que cuando las pronunció, a pocos días de su asesinato “¡Socialismo o hundimiento en  la barbarie!”. La comunista alemana reformulaba con mucha agudeza un conocido, y fundamental, pasaje del Manifiesto Comunista de Marx y Engels: la lucha de clases terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.

La desaparición del imaginario revolucionario de las clases trabajadoras nos conduce a una situación histórica nueva, en la  que la crisis civilizatoria del capitalismo senil o en decadencia no tiene alternativa.

Por esto, no basta solo con propuestas políticas concretas, con atenerse a los problemas de la gente, con la lucha social y la acción colectiva sino somos capaces a la vez de construir creencias, valores, principios que legitimen el compromiso de las personas con la emancipación; tener sólidas razones políticas y morales que justifiquen la crítica al desorden existente y la opción por otro tipo de sociedad y de poder.

En este sentido sabemos que las palabras comunismo, socialismo, están para muchas gentes negativamente marcadas. Esto será así quizás durante mucho tiempo y es posible que la sociedad alternativa no se reconozca en esos nombres. Ahora bien, hay que ser prudentes y no dar por definitivamente perdidos imaginarios sociales que han nutrido la memoria histórica de las clases subalternas y que son un formidable problema no resuelto del programa de la emancipación social. Y más allá, dar por mal terminada una larguísima historia de sufrimientos, de luchas desesperadas y gestas heroicas de masas en todos los continentes.

El socialismo/comunismo implica una historia, una lucha social centenaria y una experiencia real que no puede ser cancelada sin recuperar sus dilemas, sus limitaciones culturales y los enormes desafíos que dejan para los que creemos que el capitalismo debe ser superado y que es posible y necesaria otra sociedad, otra economía y otro poder al servicio de las necesidades de las personas, en armoniosa relación con la naturaleza, de la que irremediablemente somos parte.

 

2. Caracterización de la fase

2.1. El mundo está cambiando de base

Los rasgos que caracterizan al capitalismo imperialista en la presente fase requieren de mucha atención, finura analítica y radicalidad político-moral. Se trata de tiempos de crisis, de transformaciones radicales y de cambios acelerados.

El primer dato a tener en cuenta es la crisis en su concreción histórica del capitalismo realmente existente. Nunca existe un capitalismo fuera del  espacio y del tiempo. Tampoco un capitalismo homogéneo: centro y periferia están en procesos acelerados de transformación. Por otro lado, lo que llamamos capitalismo neoliberal o globalización capitalista ha sido también un proyecto político, una ideología, un discurso legitimador, que pretendía alumbrar un nuevo capitalismo, que al final se concretó en una transición histórica (económica, geopolítica y cultural) de  grandes dimensiones,  que hoy está en crisis.

Se puede decir, como síntesis y resumen, que estamos ante el fracaso del capitalismo para globalizar el conjunto de las relaciones sociales capitalistas (el mercado autorregulado) más allá de los Estados, naciones, culturas, pueblos y sociedades. Hacer del planeta un solo mundo homogéneamente mercantilizado bajos los patrones culturales y de poder del capitalismo occidental.

Un segundo aspecto a considerar tiene que ver con lo que podríamos llamar “la gran transición geopolítica”. El meollo del asunto, muy visible, por lo demás, es esta enorme redistribución de poder que se está produciendo en la economía-mundo capitalista.

En el centro, lo que aparece es la decadencia  de EE. UU. Y, más allá, la de Occidente en su conjunto; y la emergencia de nuevas potencias o de la recuperación de antiguas (como Rusia), que parecían condenadas.

El dato más relevante de las así llamadas potencias emergentes consiste en el papel central del Estado como regulador del mercado, redistribuidor de renta y riqueza e impulsor de una estrategia de desarrollo nacional. Son países-continentes, con viejas civilizaciones y con fuerte proyectos de integración social, forjados, de una u otra forma, en duras luchas por la independencia y por la soberanía. Ciertamente, cada uno de estas potencias tiene intereses propios y relaciones de colaboración y conflicto con la potencia imperial; sin embargo su influencia crece y es ya muy difícil ignorarlos. Distribución de poder y multipolaridad serán las líneas principales de fractura de unas relaciones internacionales gobernadas por la incertidumbre, la competencia y la lucha denodada por asegurarse ventajas relativas, donde los recursos naturales serán cada vez más determinantes.

Un tercer aspecto tiene que ver con la crisis ecológica-social del planeta. La imagen de una mega máquina que, sin control y a una enorme velocidad nos conduce al precipicio, da una idea precisa de la realidad que estamos viviendo.

Las evidencias disponibles son tan abundantes, el consenso de la comunidad científica tan unánime y la percepción clara de la ciudadanía nos dice que estamos, desde hace mucho tiempo, rebasando los límites de la reproducción y carga del planeta. Conviene no ocultar lo fundamental. No es, como se suele decir, que se deteriora el medio natural (como si la especie humana estuviera al margen de él) sino que lo que se está produciendo es una modificación sustancial de los equilibrios de la biosfera que permiten y hacen posible la vida humana. Al destruir el medio nos estamos destruyendo nosotros. Esa es la radicalidad de la crisis ecológica: la incompatibilidad entre el capitalismo industrial, productivista y la existencia de un planeta (finito) donde los seres humanos podamos vivir con dignidad. Y la crisis económica está agravando dramáticamente los problemas ambientales, donde la conexión recursos naturales no-renovables, competencia entre Estados y conflictos políticos-militares es cada vez más evidente.

Un cuarto aspecto, en efecto,  tiene que ver con la cuestión político-militar. Como se ha indicado, la tendencia dominante es hacia el conflicto y la guerra en las relaciones internacionales. La redistribución del poder en la economía mundo capitalista siempre tiene un aspecto militar. EEUU, Occidente,  está en decadencia. Pero decadencia no significa colapso. Es más, el dato más característico es que el declive norteamericano se da en un contexto de superioridad militar nítida. Casi  la mitad del gasto militar mundial lo realiza EEUU. La interrelación entre economía, ciencia y armamento sigue siendo el núcleo central del poder en EEUU. Todo esto en un contexto mundial donde EEUU tiene aproximadamente 700 bases militares con una enorme capacidad de movilizar en plazos muy cortos, recursos humanos, militares y logísticos.

No es de extrañar que EEUU intente compensar geopolíticamente su declive económico y que haga del control de las instituciones internacionales un instrumento privilegiado para perpetuar su hegemonía. Más allá de la retórica al uso, la carrera de armamentos se acelera y cada vez hay más riesgos de que cualquier estallido parcial pueda generalizar conflictos armados de grandes dimensiones, convencionales o no. Mucho más, como antes se  indicó, cuando la cuestión de los recursos naturales se convierte en un objetivo militar de primera importancia. Tampoco es casual que estos dos aspectos (recursos naturales y carrera armamentista) se concreten en América Latina, en otro tiempo patio trasero del Imperio y ahora territorio en disputa.

2.2. La  Unión Europea: un sueño que se convierte en pesadilla.

La disolución del Pacto de Varsovia, la desintegración de la URSS y, sobre todo, la unificación de Alemania han definido “el nuevo europeísmo”, es decir, un conjunto de políticas, estrategias y discursos que daban un giro radical a la orientación central de la así llamada integración europea.

Los elementos básicos de este “nuevo europeísmo” se pueden se pueden sintetizar del modo siguiente:

(a) La pérdida progresiva del control de la soberanía popular de la economía en general  y de la política económica en particular.

(b) Este objetivo se ha concretado en políticas que, desde el Acta Única y  Maastricht, han sido convenientemente constitucionalizadas en los Tratados.

(c) La creación de un Banco Central independiente, cuyo único objetivo es controlar la inflación. Se le quitaba el poder monetario a los Estados Nacionales y se lo transferían a una entidad no democrática, sino a un organismo, supuestamente “técnico, neutral y  colectivo”, pero más allá de la retórica, controlado por los poderes financieros y específicamente por la “Gran Alemania”.

(d) Esta es una cuestión central. Sabemos, todo se sabe pero a destiempo, que el tema clave  fue durante mucho tiempo el miedo al renacer de la llamada “cuestión Alemana” después de su reunificación. La conclusión de tantas precauciones, miedos y cálculos, fue construir una Europa bajo hegemonía teutona. La lección que sacaron las clases dirigentes tras la reunificación fue radicalizar el proyecto orientándolo hacia la competencia entre Estados en el marco de la Unión Europea. El cambio es muy importante; por definición, un proyecto de integración  es incompatible con una estrategia basada en la competencia entre unidades estatales profundamente desiguales cuando, además,  no existen  instrumentos reales  compensatorios y políticas redistributivas significativas.

(e) El euro fue, al final, la pieza crucial de esta arquitectura institucional. A partir de la moneda única la competencia vendría determinada por el poderío económico de cada país, originando profundos desequilibrios económicos entre ellos. Con la crisis financiera internacional –un choque asimétrico- a los Estados no les quedó otra que las,  así llamadas,  “devaluaciones internas”: reducción salariales, flexibilización radical de las relaciones laborales, ataque sistemático a los derechos sociales, laborales y sindicales e iniciar el proceso de liquidación definitiva del Estado social, culminando hasta ahora para los más débiles en “rescates”,  una involución económica y social, que nada han resuelto ni en general ni en los países afectados, sino para hundirlos sin esperanza alguna.

(f) Una estrategia basada en una competencia entre unidades estatales sin política fiscal común, sin instrumentos  reales de regulación y compensación, conducirá a que se estabilice un centro y una periferia que está haciendo imposible una unidad monetaria así configurada. La Europa del euro agrava las desigualdades en la UE,  incrementa las disparidades territoriales y desestructura radicalmente las economías nacionales.

(g) Esta crisis pone fin, por un lado,  a esta insulsa utopía llamada federalismo europeo; por otro, a la posibilidad de refundar Europa sobre los cimientos de Maastricht. Se está consolidando un cambio geopolítico que  garantiza la hegemonía alemana y se ha pasado de una Alemania europea a una Europa alemana.

(h) El aspecto fundamental, sin embargo, tiene que ver con la democracia. La globalización capitalista y el proceso de construcción europea han erosionado gravemente el Estado-Nación, y con ello han devaluado la democracia y la soberanía popular. La decadencia de la política tiene aquí su fundamento: lo que deciden los ciudadanos es cada vez menos, lo poderes económicos y mediáticos lo deciden todo y, a la hora de la verdad, lo que se elige es lo mismo que ya hay, pero realizado por otros.

2.3. Nuestro país  se asoma al abismo

La crisis económico-financiera  internacional y su extensión a la crisis del euro pusieron fin al patrón de acumulación dominante en España. Más de una década de crecimiento modificaron sustancialmente la estructura social y la composición de clases, las relaciones entre economía y política y, sobre todo, las percepciones y los imaginarios de las personas. Se vivió como un sueño, que generaba enormes consensos sociales y  a la burbuja financiero-inmobiliaria se la añadió la otra, la más pesada, la político-cultural.

Conviene aquí, también, preguntarse qué es realmente lo que ha entrado en crisis con la crisis.

Antes, debe resaltarse  un aspecto metodológico importante ante la cuestión nacional que ha resurgido con fuerza desde el 11 S. Se sabe que La UE determina nuestras opciones políticas fundamentales y que somos ya un país intervenido, una especie de “protectorado”. Sin embargo, se sigue hablando de España como si fuese un Estado independiente,  un Estado soberano. No es casual que sean las fuerzas de la derecha nacionalista los que hablen de España o de Madrid como el origen de todos los males, ocultando que el “soberano” real son los poderes e instituciones económicos europeos.

La “cuestión nacional” que emerge, lenta pero firmemente, es la del propio Estado español en su conjunto. Es eso que históricamente se llamó España la que sufre una situación de subordinación política, dependencia económica, pérdida sustancial de soberanía, retroceso de libertades y derechos, vaciamiento de la democracia, convertida en un sistema meramente electoral de refrendo de lo que se decide desde poderes opacos, sin ningún control ni responsabilidad democrática.

La “vieja” cuestión nacional y la “nueva” se entrecruzan, pero la cuestión clave es  comprender la relación entre La Unión Europea y el Estado español (plurinacional) bajo el prisma del conflicto social y de clase.  Cuando los partidos políticos de las burguesías nacionalistas defienden la independencia y su conversión en Estados de la UE persiguen un triple objetivo de clase:  (a) justificar los recortes sociales culpabilizando a “Madrid” (recortes que ellos, a su vez, aprueban en el parlamento español); (b) Asegurarse la defensa irreversible de sus intereses perteneciendo a una entidad, la UE, que fuerza y ha llegado a constitucionalizar las políticas neoliberales; y (c) Impedir las relaciones de solidaridad con las clases trabajadoras del Estado y evitar que surja una alternativa con fuerza general para romper con la Europa de Maastricht.

En suma, una crisis económica profunda, una situación social insostenible y las aspiraciones nacionalistas mantendrán al país en vilo durante mucho tiempo. Un tiempo que estará cargado de incertidumbres y bajo la amenaza de tormentas ruinosas.

2.4.  Europa como problema

Sin exageración se puede decir que el gran consenso social de la transición fue Europa. Este dato y los compromisos derivados del mismo por casi toda la sociedad están haciendo muy difícil generar la conciencia de la necesidad de promover  un futuro que no puede anclarse en un proyecto fracasado. Con el euro, con apenas 13 años de vigencia, se  han destruido las bases de la construcción europea, se ha creado una crisis económica y social desoladora en el conjunto de la zona y se ha arrastrado a algunos países al abismo, incluido ya el nuestro.

Sin analizar en esta Resolución,  pero dando por admitida  la gravedad y la complejidad de la crisis en Europa y los estragos que esta ha causando en nuestro país, S 21 debe trabajar por tomar una posición realista en el sentido fundamental de defender los derechos de los trabajadores y todas las capas sociales desfavorecidas que sufren las consecuencias del desastre europeo.

Lo primero que destaca  es la falta de comprensión de la naturaleza y la gravedad de la crisis en muchos sectores, organización y movimientos de la izquierda, o por decirlo de otra forma, el arraigo de la idea de que la Europa de Maastricht es sostenible. Se indican soluciones del tipo de la necesidad de que se emitan eurobonos, se culpabiliza a Alemania, se propone cambiar el estatus del BCE, se sugieren avances en la fiscalidad común, etc. Y, en casi todos los casos, se apoya el “rescate” de los países con problemas: Grecia, después  Portugal y luego…, como si correspondiera a la izquierda salvar al monstruo construido, cuyos estragos  tan dramáticamente sufren los trabajadores, amplias capas sociales y los sectores ciudadanos más desfavorecidos.

Un debate más profundo atrapa a la izquierda cuando se aborda lo que  proponer como proyecto de construcción europea a partir de la crisis actual. Tiene bastante respaldo la tesis que aunque la Europa de Maastricht no es defendible, hay que impedir por todos los medios  un fracaso porque desarbolaría la idea de Europa. Desde lo  ya edificado, hay que imponer un avance que nos conduzca a una Europa con los valores históricos de la izquierda a través de reformas profundas de carácter socialdemócrata.

Pero a esta posición cabe oponerle una objeción de principio que ya hemos expuesto.  Considerar justo lo contrario: que por la naturaleza y el desarrollo de la Europa construida ya no es reformable. Todos los cambios que se proponen dejan intactos los problemas genéticos de la Europa erigida hasta ahora y no representan más que retoques de maquillaje de un proyecto elaborado y culminado bajo el dogmatismo neoliberal. Nadie rechazaría un conjunto de reformas que hicieran de la Europa del euro un ámbito económicamente más articulado, gobernable y equilibrado, socialmente más armonioso e igualitario y, objetivamente, menos agresivo. Pero es preciso reconocer que no hay condiciones para ello.

Cabe añadir que la izquierda no tiene un proyecto acabado alternativo ni siquiera unas propuestas parciales compartidas. En los países más fuertes no se han tomado en serio las dificultades de los países económicamente más atrasados. Y la izquierda tendría que ser la  fuerza mayoritaria de 27 ó 17 países. En ellos, por otro lado,  la relación de poder y la lucha de clases presentan tal variedad de situaciones que pensar en soluciones globales, de conjunto para Europa, significa despreciar las condiciones objetivas sobre las que basar propuestas posibles. Es tal la complejidad del mapa político europeo,  que pensar en un proyecto reformista es una quimera, más si se toman en cuenta los enormes problemas que la crisis ya ha generado. Postular la reforma de la Europa de Maastricht puede resultar propagandísticamente una forma de “salvar la cara”, pero implica  evadir los deberes políticos  que la izquierda tiene que asumir ante la tenebrosa situación económica y financiera existente,  la desolación social que ha atrapado  a una parte importante de la población europea, y la necesidad de abrir un resquicio a la esperanza.

Si se descarta pues la vía de la reforma, las opciones de izquierda ante la crisis quedan muy limitadas.  Aún a riesgo de simplificar en exceso no pueden trazarse más que dos alternativas. La primera, aceptar como marco inexorable el actual determinado por la moneda única con sus carencias, desigualdades y asimetrías profundas. Por supuesto, confrontando con todas las políticas reaccionarias que impone la competitividad como base de las relaciones económicas y los ajustes y recortes que acompañan los “rescates”. Pero tomando conciencia de la contradicción  que existe entre esa posición defensiva y la fuerza objetiva que tienen los poderes económicos y la burguesía para imponer sus criterios.

Los “rescates”, como en otros tiempos se impusieron los planes de ajuste estructural del FMI, van acompañados de políticas de austeridad y de apropiación muy duras y reaccionarias, sin que, dada la trampa en que están atrapados los países altamente endeudados,  puedan resolver sus compromisos, por lo que se entra en períodos prolongados e indefinidos de depresión económica y degradación social. Grecia fue una avanzadilla del desastre, pero ya son otros países, incluido el nuestro desde mayo de 2010,  los que conocen como se cae en el abismo sin freno y sin topes. No hay duda que todo ello repugna a la izquierda, pero objetivamente es lo que con toda crudeza hay  que aceptar si no se abandona el pavor de romper con la Europa del euro. En ella no hay la menor posibilidad de lograr los objetivos tácticos y parciales de la izquierda, ni mucho menos alcanzar un mínimo control social de las fuerzas productivas, de imponer un relevante grado de planificación económica y, por supuesto,  de avanzar hacia socialismo.

Tiene que haber una segunda posición. Si se comprende y admite que la unión monetaria es un proyecto contrahecho desde el punto de vista económico y perverso desde el punto de vista social, que todavía no ha dado de sí toda su capacidad destructiva, corresponde a la izquierda tratar de impedir que siga arrastrando a los pueblos europeos al abismo. Por otra parte, ante la imposibilidad de dar respuestas que impliquen al conjunto de los países, en cada uno de ellos se   debe intentar, dependiendo de las circunstancias y la relación de fuerzas, y contando con la solidaridad que puedan prestarle otros pueblos,  escapar del dogal impuesto por el euro y de  todas las renuncias de soberanía que su construcción exigió. Entre ellas, claro está, la recuperación una moneda, y algo crucial en estos momentos,  una política monetaria propias, para acabar con la siniestra interpretación de que son necesarios sacrificios interminables, algo que repugna al  materialismo. Existiendo tantos recursos materiales y humanos disponibles,  se precisa estimular la demanda por medio del gasto público en inversiones y política de redistribución y lubricar el aparato productivo con crédito para ponerlo en funcionamiento: crear demanda surgida de las necesidades sociales por un lado, y estimular la producción y la actividad para satisfacerlas, por otro. Incapaz la izquierda ahora de imponer una concepción distinta de la construcción europea a la del neoliberalismo imperante, la tarea es romper la cadena  que maniata a los pueblos europeos por sus eslabones más de débiles.

Este objetivo estratégico no oculta las muchas dificultades que pueden surgir, el periodo complicado que se abre, extraordinariamente complejo si se quiere, pero al final se verá  un panorama que nada tienen que ver con la sombría y sin esperanza  perspectiva actual de muchas sociedades europeas. Tampoco elimina ese objetivo la necesidad de fortalecer a la izquierda y estimular la lucha de clases, que recuperará así su verdadero sentido histórico, pues ahora todas las reivindicaciones chocan con el muro de las restricciones presupuestarias y todas las conquistas tienen una contrapartida amarga por la pérdida de competitividad que implican. En todo caso no se deben acallar las reivindicaciones. Hay márgenes muy amplios para acometer reformas significativas de gran incidencia social. Por ejemplo, el objetivo de llevar a cabo una reforma fiscal progresista, de combatir el fraude fiscal, de defender los servicios públicos, de impedir que se degrade la protección a los parados, etc. etc.  Todo lo que está a la orden del día en las reivindicaciones de los ciudadanos. Por supuesto los debates sobre la construcción europea y más allá de ello,  sobre el destino de globalización capitalista, no están agotados y exigen nuevos esfuerzos de clarificación y homogeneización entre la izquierda.

Romper con el euro implica necesariamente plantearse la cuestión del inmenso volumen de deuda externa que tienen acumulado los países periféricos y que desde ahora se sabe que es imposible de pagar. Es por tanto  toda Europa la que se ve afectada, pues los países acreedores, particularmente Alemania, no son ajenos al tema. Una burbuja de deuda envuelve a Europa y si hemos de interpretar la historia,  estas acaban por estallar. Ahora se hacen esfuerzos ingentes por impedir que el problema resulte inmanejable con los rescates financieros. Con ellos se trata de evitar quiebras en cadena (el caso de los 100,000 millones para la banca española lo tenemos cerca), pero también son una vía para transferir los riesgos  de las posiciones acreedoras de las empresas privadas a las entidades públicas. Con los fondos a los países rescatados se atienden los compromisos privados y se asumen deudas con las instituciones públicas, en una operación gigantesca de socialización de pérdidas.

El tema de la deuda pública abre una gran e inabarcable casuística, pero los criterios que puedan fijarse para clasificar la deuda no deberían empantanarse en reconocer a una deuda como legítima y a otra parte como “odiosa”, según proponen algunos sectores de la izquierda (ello sin perjuicio de lo que pueda suceder en el futuro en unos momentos en los que la recapitalización del sistema financiero europeo absorberá cantidades ingentes de fondos públicos, como los 100,000 millones del caso español).  Es toda la deuda pública la que devora a nuestro Estado y la que justifica las políticas regresivas de todo signo que se imponen e impondrán sin límite temporal. Pero siendo impagable, es necesario por lo menos declarar una moratoria unilateral del pago de la carga de la deuda pública, de sus intereses y amortizaciones. Y por añadidura rechazar todo rescate que no tendrá otros efectos que proporcionar recursos para atender compromisos inmediatos al precio de hipotecar el futuro y estar sometido a los dictados de las instancias europeas, como sucede ya a Grecia y Portugal.

Una propuesta tan contracorriente como la de  recuperar la moneda propia exigen por parte de S 21 y de la izquierda un debate táctico de común presentarla para ganar una importante base social y convencer a renuentes dirigentes. Las propias circunstancias en que se produzca el hecho, desde la petición propia hasta la expulsión, pasando por una implosión del euro, introducen matices importantes en la forma de presentar el objetivo. Ahora bien, no cabe  desechar de antemano que una reivindicación  directa y clara no sea la mejor fórmula política, pues ejemplos como el de Francia sugieren que ha madurado el tema en la sociedad y que existen  amplios sectores sociales que rechazan abiertamente ya la férula de la unión monetaria. Lo que antes era un tema intratable, ahora se ha convertido, en muy poco tiempo, en algo que se discute a nivel de calle y en las cerradas instancias de los poderes económicos.

 

3. El mañana empieza hoy

Hoy muchos saben que el pasado no volverá y lo que costará más trabajo de entender es que el capitalismo que está emergiendo en la crisis es incompatible con los derechos sociales y las libertades cívicas de las poblaciones. Este viejo dilema entre “lo viejo que no acaba de morir y lo nuevo que no acaba de nacer” es el marco de las profundas contradicciones que vive la izquierda política y social, los trabajadores y las clases populares. El ciclo largo de crecimiento económico ha tenido efectos devastadores sobre la conciencia de clase, sobre principios y valores y ha debilitado muy seriamente los vínculos organizativos y morales, ya de por sí muy débiles en la etapa anterior.

Pero conviene no perder de vista la aceleración del tiempo histórico. Si algo demuestra la historia es que el tiempo no es  lineal, ni homogéneo,  ni acumulativo. El tiempo histórico real es heterogéneo, se mueve a saltos y es capaz de comprimirse en el tiempo y en el espacio. Hoy vivimos un tiempo así, tiempo de ruptura, de cambios profundos y decepción. Entender esto es entender la necesidad del giro estratégico que deben dar las fuerzas anticapitalistas con voluntad socialista.

En España se está abriendo una crisis de Régimen, de Estado y de la política; una crisis “orgánica” del capitalismo español realmente existente. La izquierda política, social y cultural llega a ella extremadamente débil, sin imaginación y sin proyecto, tan desnortada como la población y sin reservas estratégicas para entender lo que pasa, intervenir realmente en la sociedad y con capacidad de generar ilusión, entusiasmo, esperanza. Esta es nuestra singularidad, comparable a Italia y lejos de Portugal y de Grecia.

La contradicción más dramática, la angustia que muchos militantes viven en carne propia es la asimetría que hay entre lo que se tendría que hacer y lo que podemos realmente hacer. Lo nuevo que emerge es una nueva disponibilidad social para comprometerse y luchar. En este sentido el 15M abrió una nueva fase que obliga a la fragmentada izquierda a afrontarla y a adoptar los instrumentos necesarios para que no se añada a los sufrimientos de la población más frustración y bloqueo de cualquier esperanza de cambio futuro.

Desde muchos sentidos las “condiciones objetivas” están dadas. Lo que falta es la respuesta organizada de un sujeto popular y democrático capaz de cambiar la realidad y transformar la subjetividad. No está escrito que esto no se pueda dar a medio plazo en nuestro país. Es necesario superar con propuestas, luchas y unidad el “bloqueo de subjetividad” existente hoy.

Socialismo 21 tiene como tarea la emancipación de las clases subalternas del mal social de la explotación, la discriminación y el dominio. Sabemos que el socialismo como proceso secular de liberación del capitalismo está, en muchos sentidos, por inventarse y que será una tarea heroica construida colectivamente por las clases trabajadoras, los intelectuales críticos y los nuevos movimientos de emancipación.

El desafío es enorme y marcará toda una etapa histórica. El siglo XX puede ser visto como el fracaso de socialismo (y directa o indirectamente el triunfo del capitalismo) o como una experiencia frustrada de una sociedad alternativa. Esto no es solo una cuestión de convicción moral sino que serán las luchas sociales, la auto organización y la creación de imaginarios de emancipación,   críticos con lo existente y que susciten una esperanza  posible.

Como siempre, esto depende de las personas, de las clases y de la capacidad  creadora.

 

4. La construcción de la izquierda transformadora y sus retos

4.1. Como  se ha tratado de exponer, en esta época,  de profundos cambios geopolíticos, de  crisis sistémica del capitalismo, de fracaso de la construcción neoliberal de la UE, el estado español se encuentra en medio de una gran tormenta. Si además, como también se ha dicho,  las condiciones subjetivas, conciencia anticapitalista y transformadora de las masas, credibilidad de la alternativa al sistema, organización para la transformación, estuvieran maduras, podríamos decir que España se encuentra en el centro de la tormenta perfecta.

España sufre una crisis económica, social y política que evoluciona en grados diversos, con una tendencia a combinarse y agudizarse. Las políticas de ajuste fiscal y devaluación salarial hunden la economía en la depresión;  en consecuencia, el paro masivo se incrementa lo que a su vez deprime la demanda, se reducen los ingresos y aumenta el déficit público.

La pérdida de derechos sociales socava la legitimidad del sistema, la pérdida de soberanía y de legitimidad democrática de las instituciones ensancha la distancia entre el pueblo y sus “representantes”, la monarquía sufre por causas endogámicas y del propio contexto una decadencia imparable.

El modelo del estado de las autonomías está profundamente cuestionado bajo la presión recentralizadora de la UE a través del Tratado de estabilidad presupuestaria que facilita la coartada a los defensores en España del estado centralizado, y por otro lado el auge del nacionalismo independentista particularmente en Catalunya. Se acumulan, por tanto, los factores que anuncian una crisis de régimen y del modelo de estado, el colapso económico y el estallido social.

Las fuerzas y gentes de la izquierda transformadora, revolucionaria, antineoliberal  y/o anticapitalista, socialista, comunista, libertaria,  y ecologista se encuentra ante el reto, la oportunidad, de incidir sobre unas condiciones objetivas pre-revolucionarias y construir una salida revolucionaria a la crisis.

4.2. La configuración de las fuerzas de la izquierda transformadora

Las gentes cuya voluntad, programa y estrategia componen el espacio de la izquierda transformadora están dispersas, organizadas o no, en una diversidad de ámbitos de intervención social y política. Muchas más son susceptibles de evolucionar políticamente, de radicalizarse y engrosar dicho espacio conforme se profundice la crisis, aparezcan con claridad los límites y naturaleza de muchas de las organizaciones y movimientos en donde militan e intervienen. Dicho proceso puede verse favorecido si emerge un llamamiento, un encuentro,  un referente o un evento suficientemente potente que facilite la confluencia, coordinación, o estructuración de la izquierda transformadora.

La reflexión sobre los límites y naturaleza de las grandes formaciones de la izquierda española conoce una aceleración a consecuencia de la emergencia de los nuevos movimientos, especialmente del 15 M y de su crítica a la clase política, particularmente del PSOE, pero también las derivas institucionalistas y oportunistas de otras formaciones de la izquierda que gobiernan, o han gobernado, en ámbitos autonómicos y municipales practicando una “gestión” social-liberal.

4.2.1. La crisis histórica de la socialdemocracia, se ve agudizada en el caso de España, por el balance catastrófico del gobierno de Zapatero, y el sometimiento a los Tratados y dictados neoliberales de la Unión Europea, donde la reforma del artº 135 de la Constitución española representa el particular “cruce del Rubicón” de la dirección del PSOE.

La credibilidad electoral del PSOE sigue hundiéndose a pesar de su actual discurso de “oposición”. La ilusión de los pequeños sectores de la “izquierda socialista” sobre un giro socialdemócrata del PSOE no supera la prueba de la realidad, como demuestra el creciente malestar en las bases de la izquierda en Andalucía y la confrontación del conjunto del movimiento sindical, de UGT y CCOO, con las políticas de ajuste aplicados por la Junta de Andalucía, donde gobierna en coalición PSOE y IU-CA. Políticas de ajuste que se intensificarán tras el sometimiento del Presidente Sr. Griñan a los objetivos de déficit impuestos por la UE.

Recientemente, diversos núcleos con posiciones de izquierda socialista y transformadora, desgajados del PSOE o en proceso de crisis y ruptura,  han  establecido un marco de coordinación y confluencia, con el objetivo de organizar a las gentes que  militaban o votaban al PSOE, pero que en el curso de la crisis han roto con sus políticas neoliberales, se han radicalizado, y buscan una respuesta y un referente de izquierda socialista coherente, transformador y con voluntad unitaria hacia otras corrientes históricas de la izquierda. En este sentido es un proyecto esperanzador que hay que seguir con simpatía y atención.

4.2.2. Izquierda Unida y el PCE afrontan la crisis actual con grandes deficiencias y debilidades. Aunque el viento sopla de popa y los resultados electorales en Asturias y Andalucía así lo expresan, y las encuestas electorales también lo confirman para el conjunto del estado, IU tropieza con escollos y barreras difíciles de superar:  el fracaso del proyecto de refundación por falta de convicción de un núcleo decisivo de la dirección del PCE, el lastre de las baronías y sus intereses de poder que debilitan el discurso federal y la obsesión por gobernar a cualquier precio en alianza con el PSOE.

La próxima asamblea federal de Izquierda Unida será un momento decisivo para superar los límites y escollos aludidos. De manera transversal en sus “familias”, sensibilidades políticas y corrientes,  existen capacidades críticas y voluntades para impulsar una izquierda transformadora que funcione democráticamente. La victoria en el referéndum en Asturias de la posición contraria a gobernar con el PSOE, la oposición creciente en IU-CA a los recortes aplicados por la Junta y al propio pacto de gobierno andaluz, la participación activa de gentes de IU en los nuevos movimientos, expresan las potencialidades  existentes en IU.

En cualquier caso, sea cual sea el resultado de la X Asamblea de IU, la construcción de la Izquierda transformadora contará con la aportación de gran parte de los cuadros y activistas de izquierda Unida y del PCE.

4.2.3. Las organizaciones de la izquierda radical, sacudidas por la emergencia de los nuevos movimientos y por la profundidad y velocidad de la crisis, siguen instaladas en sus apuestas por el autodesarrollo  y siguen despreciando las políticas de unidad de acción, especialmente con el espacio reformista o centrista, en el ámbito sindical y político. Algunas de ellas practican un cierto autismo, o seguidismo en relación a experiencias que en otros países, como Francia, han fracasado.

Sin embargo, las lecciones de los fracasos, el estimulo de otras experiencias positivas de alianzas, frentes y bloques en Europa  y América Latina, y la necesidad de dar respuesta a los retos actuales, animan la apertura de reflexiones más o menos intensas o generalizadas en dichas formaciones.

 

4.2.4. Por un nuevo diálogo con la izquierda independentista

La izquierda abertzale vasca ha conocido un fulgurante ascenso electoral en las elecciones de mayo 2011. Tras el anuncio del cese de la actividad armada por ETA en octubre del mismo año, todos los pronósticos anuncian un gran resultado electoral en las próximas elecciones al Parlamento de Euskadi.

El desarrollo de la crisis en la Unión Europea, y el Estado español, la traición a la soberanía ciudadana tanto en España como en  las comunidades autónomas de Euskadi, Catalunya y Galicia por el nacionalismo españolista del PP, PSOE, UPyD, pero también por las formaciones de la derecha nacionalista como CiU y PNV, abren un escenario impensable tiempos atrás.

La recentralización del estado, la creciente intervención del gobierno del Estado sobre el  autogobierno de todas las comunidades y ayuntamientos mediante la aplicación de la Ley orgánica de estabilidad presupuestaria de las AA.PP. aprobada con los votos del PP, UPyD, UPN y también de CiU, así como del Tratado de estabilidad, coordinación y gobernanza de la UE ratificado tanto por  la derecha centralista  como nacionalista, también por el PSOE y el voto contra de Izquierda Plural, Amaiur, ERC, BNG, Compromís, NC y GB acentúa la crisis del modelo de estado de la transición y el propio régimen borbónico.  La imposibilidad que la UE reconozca un estado propio a las naciones sin estado de España, el nivel de integración económica alcanzado en el estado español, el déficit comercial entre Catalunya y el resto de Europa y el mundo, y su superávit comercial hacia el resto de España, exigen una actualización de los análisis, propuestas y alternativas.

La crisis actual, golpea a los de abajo sin distinción de culturas e identidades  en beneficio de las élites burguesas de cualquier nacionalidad sin distinción, también exige  alternativas de superación del capitalismo, del marco neoliberal de la UE, que obligan a reflexionar y replantear los objetivos, alianzas y estrategias. En estas circunstancias es necesario abrir un diálogo entre la izquierda transformadora federalista y la izquierda independentista de las comunidades históricas. Es urgente aunar esfuerzos para impulsar un proceso constituyente donde poder construir la casa común libremente compartida, con la garantía del derecho de autodeterminación. Es el momento y la oportunidad para que los pueblos dialoguen entre sí, confraternicen en la lucha común, y acuerden en libertad y en posiciones de igualdad  su destino.

4.2.5. La izquierda transformadora en los movimientos sociales y ciudadanos

4.2.5.1. El conjunto del movimiento obrero y sindical se encuentra ante una prueba histórica. La profundidad de la crisis, el rápido crecimiento del desempleo masivo y su carácter duradero, la elevada precariedad del mercado de trabajo, la persistencia de las políticas de ajuste y austeridad, son aprovechadas por las fuerzas neoliberales, partidos de la derecha y patronal, para desmantelar los derechos sociales y laborales conquistados en los últimos decenios. La “contrarreforma laboral” impulsada por el gobierno del PP y que ha contado con el apoyo de CiU es una bala de plata al corazón del poder sindical, con el objetivo de modificar sustancialmente la correlación de fuerzas entre la clase trabajadora y la patronal, e imponer entre otros objetivos una profunda devaluación salarial.

Ante la ofensiva neoliberal desreguladora del mercado de trabajo, los despidos baratos y sistemáticos, los recortes salariales a los empleados públicos y en las empresas privadas, las amenazas de recortes sobre las prestaciones de desempleo  y las pensiones, el conjunto del movimiento sindical da señales de impotencia y desorientación sobre cómo enfrentar dicha ofensiva. La convocatoria exitosa de la Huelga General contra la “reforma laboral”, las importantes luchas de los empleados de los servicios públicos de la salud y educación,  si bien han conseguido elevar la conciencia y la politización de amplios sectores de la clase trabajadora, y estimular la solidaridad ciudadana, no ha conseguido, por lo general, derrotar dicha ofensiva.

En particular las direcciones, a diferentes  niveles, de los grandes sindicatos CCOO y UGT se encuentran descolocadas ante la situación política y su perspectiva, fruto de errores de diagnóstico de la crisis y la inercia del pasado. Su convicción de ser los interlocutores de la izquierda social ante los gobiernos, fueran estos del PP o del PSOE, como consecuencia de la debilidad de las fuerzas políticas situadas a la izquierda del PSOE, está siendo sometida en la actualidad a una cura de humildad.

A la necesaria reorientación de la estrategia y de la práctica sindical para recuperar las tradiciones asamblearias, participativas, solidarias, y de lucha, fortalecer la conciencia clasista, anticapitalista y transformadora  entre amplios sectores de la clase trabajadora,  que permita responder con éxito a los próximos retos en un periodo de “choque de trenes, también es necesario abordar el papel, la aportación del movimiento obrero y sindical a la construcción de la izquierda transformadora.

El desenlace de la confrontación social en una crisis sistémica siempre es política. No solo en cuanto la defensa del programa y de las tareas de la revolución democrática y social, también de la construcción de la fuerza social y ciudadana capaz de ejercer el doble poder y disputarlo, y particularmente en la articulación de las alianzas políticas y la construcción del movimiento-organización transformador.

En el movimiento obrero y sindical están presentes gentes cuya aspiración y objetivos es la superación del sistema capitalista y la construcción de un nuevo orden socialista y alternativo.  Se encuentran dispersos entre las diversas organizaciones sindicales grandes y pequeñas. En los sindicatos de la llamada izquierda sindical  alcanzan posiciones influyentes, y muchos de ellos estiman el valor de la política de unidad de acción, otros en cambio conservan “tic” sectarios, muchas veces como resultado de reacciones de disgusto ante el desprecio que perciben en las direcciones de los grandes sindicatos, que impiden que sus mensajes y propuestas lleguen al conjunto de las bases de CCOO y UGT.

La aportación del movimiento sindical a la construcción de la izquierda transformadora irá de la mano de la reconstrucción del movimiento obrero sobre nuevas bases. La izquierda transformadora solamente podrá desplegar toda su fuerza y potencialidad si cuenta con la aportación a todos los niveles de los activistas más conscientes del movimiento sindical.

El propio desarrollo de la crisis, las luchas que se desarrollan y las que habrá, como el combate ejemplar de los mineros, serán una fuente de aprendizaje, de radicalización, de forja de un nuevo movimiento obrero y de impulso a la izquierda transformadora.

Desde el respeto a las respectivas autonomías  esta es una tarea decisiva y urgente: incorporar a la construcción de la izquierda transformadora  de las gentes más conscientes y combativas del movimiento obrero.

4.2.5.2. Los nuevos movimientos, especialmente el movimiento ciudadano del 15M,  expresión del malestar y rebeldía ciudadana y popular frente a la crisis, han sido un poderoso catalizador de la conciencia y movilización ciudadana. El 15M, ha situado ante la opinión pública  el foco de atención sobre los responsables de la crisis, bancos, ricos, PPPSOE, clase política, UE, pacto del euro plus,  y han enunciado con carácter general algunos de los principales temas de un programa alternativo , el derecho al trabajo frente al desempleo, la defensa de una democracia participativa y directa, la economía al servicio de las personas, la defensa de los servicios públicos y la autogestión, la cooperación y la solidaridad,  y recientemente, sectores crecientes del movimiento sintonizan con la propuesta de empoderamiento de la ciudadanía en un proceso constituyente.

El movimiento del 15M ha sido un crisol donde muchos ciudadanos/as a través de la práctica y debate han evolucionado hacia posiciones políticas partidarias de la transformación social y política confluyendo con otras fuerzas políticas y sociales comprometidas con anterioridad en un proyecto de izquierda transformadora. Sin embargo, en tanto que movimiento de composición diverso y plural, cualquier intento de favorecer su reconversión en una organización política causaría su división y explosión. La presencia de importantes sectores que generalizan su desconfianza hacia toda organización política y sindical, junto a quienes ya están comprometidos políticamente y que en ocasiones pugnan por hegemonizar el movimiento hace imposible cualquier proyecto de convertirlo en partido político. Por otra parte, la ausencia de canales estables y de interlocución del 15 M con el conjunto de organizaciones sociales, cívicas y sindicales, especialmente con el movimiento obrero organizado,  las dificultades lógicas para establecer prioridades de objetivos y una estrategia común, son limitaciones difíciles, pero posibles,  de superar.

La necesidad de articular los nuevos movimientos con los llamados “clásicos”, de socializar análisis, propuestas  de acción y alternativas que respondan en tiempo real a las circunstancias del momento, en una crisis veloz y cambiante,  plantean la urgencia de avanzar en la construcción de la izquierda transformadora. Construcción en la que muchos participantes del 15M están llamados a implicarse,  así como el recientemente surgido 25 S.

Otros movimientos, como las mesas ciudadanas para la convergencia y la acción,  han jugado y juegan un papel importante en el terreno de la elaboración de ideas y propuestas, no solo en el ámbito de la movilización social, también en la creación de condiciones favorables para la convergencia política de las gentes antineoliberales y/o anticapitalistas.  En su seno  se encuentran gentes valiosas para la construcción de un proyecto de izquierda transformadora.

Por último, el movimiento ciudadano por un proceso constituyente, tanto por el objetivo en sí de gran contenido rupturista con el orden constitucional y sistémico vigente, como por la conciencia política de muchas gentes que lo animan,  abre dinámicas y reflexiones que pueden favorecer  la construcción de la izquierda transformadora.

4.2.6. La izquierda transformadora en el espacio ecológico

La crisis ecológica es un factor permanente con tendencia a su agravación a medio y largo plazo. Sin embargo, dicha crisis ha quedado desplazada de la atención prioritaria de ciudadanía en el estado español por la agudización de su particular crisis económica, social y política.

Esta situación, explica en parte, el fracaso electoral de las formaciones verdes conservacionistas o de aquellas vinculadas a proyectos políticos que no cuestionan el orden capitalista. En cambio, los núcleos y formaciones ecologistas que se cuestionan abiertamente el “desorden” del sistema y plantean su superación,  participan también en las luchas y movilizaciones contra los efectos de la triple crisis, establecen de manera natural alianzas y compromisos con los movimientos ciudadanos y sociales, y  ayudan a que la crítica y alternativas sobre la ecología se socialicen al conjunto de la ciudadanía. Ellos son una componente imprescindible en la construcción de la izquierda transformadora.

4.3. ¿Como avanzar en la construcción de la Izquierda Transformadora?

4.3.1. La Izquierda Transformadora es la fuerza política  cuyo objetivo estratégico es la ruptura con el sistema capitalista, la conquista del poder por ciudadanía trabajadora y popular, y la construcción de una sociedad socialista radicalmente democrática que se sustenta en la participación ciudadana a todos los niveles.

A diferencia de las formaciones de izquierda que supeditan sus objetivos estratégicos al trabajo en las instituciones, a gobernar a cualquier precio, sin considerar la correlación de fuerzas en los gobiernos de coalición,  que realizan una gestión dentro de los límites impuestos por el sistema que los confronta inevitablemente con los intereses de la ciudadanía trabajadora y popular, la izquierda transformadora no confunde gobierno y poder, rechaza gobernar en condiciones de sometimiento a los dictados de las políticas neoliberales, y su participación en las instituciones tiene como prioridad fortalecer y servir al pueblo, a sus organizaciones y sus luchas.

4.3.2. La construcción de la izquierda transformadora en el estado español cuyas fuerzas se encuentran dispersas y agrupadas de modo desigual en diversos ámbitos,  organizaciones,  y movimientos sociales y ciudadanos,  hace necesario un esfuerzo urgente para facilitar su confluencia y coordinación en una primera fase, mediante el encuentro, el diálogo y debate,  la dotación de instrumentos flexibles para su coordinación, la acción común en los escenarios de lucha y movilización, así como en el lanzamiento y desarrollo de iniciativas de acción política ante la gravísima crisis económica y social, la negación de la soberanía ciudadana, la degradación corrupta del régimen, el vaciamiento de la democracia como consecuencia de la intervención y ocupación por los poderes económicos e instituciones no electas de la Unión Europea.

4.3.3. La evolución de la crisis sistémica, en particular en el seno de la Unión Europea, de su afectación al nivel de integración del Estado español con la UE, de su incidencia en la crisis interna española y en su modelo de Estado, así como la perspectiva de incremento de las tensiones y conflictos geopolíticos, son el contexto dinámico en donde desarrollar la acción para construir la izquierda transformadora.

El proyecto de construcción de la izquierda transformadora en el Estado español debe tener en cuenta su dialéctica con la evolución del contexto,  la capacidad para dar alternativas y respuestas en tiempo real, y la perspectiva de fases agudas y definición en el desarrollo de la crisis, así como los posibles escenarios de su resolución, tanto de victorias sociales y políticas, como derrotas que abran un periodo prolongado de reconstrucción del tejido organizativo social y político que prepare los procesos de liberación futuros.

4.3.4. La izquierda transformadora, además de incidir en las luchas y combates sociales y políticos, debe hacer pedagogía sobre la alternativa al sistema y la sociedad alternativa.

En la medida que amplios sectores de la clase trabajadora y las capas populares tengan la convicción que otro “mundo es posible”,  la lógica del conflicto se desarrollará hasta sus últimas consecuencias, es decir la ruptura revolucionaria con el estado burgués, la conquista del poder, y el inicio de la transición al socialismo.

A menudo se observa que los fracasos de las experiencias del llamado “socialismo real” juegan un papel negativo en la credibilidad social de una alternativa emancipadora, sin embargo, esas dificultades pueden ser superadas como demuestran las experiencias y procesos emancipadores en América Latina.

La profundidad de la crisis sistémica del capitalismo, su evolución hacia la “barbarie” y la tragedia civilizatoria consiguiente, la negación del interés público, de los derechos sociales básicos en el marco del desmantelamiento del llamado “estado de bienestar”, la anulación de la democracia, las libertades y la seguridad, etc., provocan en el imaginario social la reconstrucción del programa alternativo y de liberación.

La credibilidad de la alternativa socialista se recompone en las luchas actuales. La izquierda transformadora tiene la misión de socializar esas experiencias programáticas, darles una coherencia de conjunto, y actualizar el discurso alternativo integrando todas sus dimensiones, ecología, feminismo, instrumentos para la democracia directa, etc.

4.3.5. Los avances en el proceso de la construcción de la izquierda transformadora dependerán además del curso de la “lucha de clases”, de cómo se resuelvan debates y retos en las actuales organizaciones políticas y sociales, y en los movimientos ciudadanos, en relación a las tareas urgentes de respuesta a la crisis, ruptura y transformación.

Pero independientemente, de la configuración actual de las fuerzas y gentes de la izquierda transformadora, debemos tomar iniciativas políticas concretas que abran el diálogo y la acción común sobre los siguientes elementos de programa:

– En el terreno de las alternativas a la crisis de sistema y de régimen: Exigencia de dimisión del gobierno de Rajoy. Proceso constituyente. Asamblea constituyente. III Republica. Nuevo modelo de estado entendido como la “Casa común libremente compartida”.

– En relación a la crisis de España con la UE: Ruptura con los tratados neoliberales e la UE.  Moratoria de la deuda, auditoría y negociación de la restructuración de la deuda de manera sostenible y a largo plazo. Recuperación de los instrumentos para una economía soberana, pública y al servicio de las personas, empezando por la puesta en marcha de la moneda propia que sustituya el Euro. Apertura de una negociación con el resto de Europa sobre la sustitución del Euro o moneda única por otra relación monetaria respetuosa con las soberanías de los estados y que contemple las asimetrías existentes. Reconstrucción de la industria, la agricultura y los servicios. Medidas de protección de la economía y el comercio. Control estatal de la circulación de capitales e inversiones. Desarrollo de la cooperación con los países del Sur de Europa, el Mediterráneo y América Latina, en la perspectiva de repensar otra Europa sobre bases democráticas, justas y solidarias

– Medidas urgentes ante la crisis: Reparto del trabajo mediante la reducción de la jornada a 30 horas para reducir drásticamente el desempleo. Nacionalización de toda la banca, incluido el Santander y BBVA. Prohibición de desahucios, puesta en marcha de un parque público de alquiler con el conjunto de viviendas vacías (y que el estado posee en buena parte tras nacionalizar una parte de la banca y cajas españolas). Drástica reforma fiscal que grave con una tasa del 90% a las grandes fortunas y acentúe la progresividad fiscal. Expropiación de los bienes y fortunas que se encuentran en paraísos fiscales, y endurecimiento penal  del robo con “guante blanco”. Etc.

4.3.6. Propuestas de trabajo:

Como primer paso para favorecer el diálogo en el seno de la izquierda transformadora, proponemos la convocatoria de un  Encuentro estatal de organizaciones y gentes activas en los movimientos sociales, para tratar de los principales temas de actualidad y explorar las posibilidades de organizar unos “Estados generales de la Izquierda Transformadora” para avanzar, entre otros objetivos y acuerdos, hacia fórmulas de una mayor coordinación.

Esta propuesta política en el espacio de la izquierda transformadora, debe servir  también para fortalecer la unidad de acción y los movimientos ciudadanos y sociales en desarrollo (procesos constituyentes, mesas de convergencia, 15M, 25S etc.).

El nuevo proyecto de “Frente Cívico-Somos Mayoría” presentado por J. Anguita y que cuenta con el apoyo  de la Coordinadora federal de Socialismo 21, tiene el objetivo de unir y movilizar a los de abajo en la defensa de un programa que recoja las necesidades elementales y derechos básicos, así como las medidas necesarias para transformar la sociedad y hacerlos realidad, debe ser también un marco de encuentro, colaboración y fortalecimiento de las fuerzas de la izquierda transformadora.

 

5.  Construir Socialismo 21: Objetivos y tareas

5.1. Un balance positivo

Desde su nacimiento, Socialismo 21 ha reunido en torno a un proyecto de transformación radical de la sociedad y una estructura organizativa abierta, mínima y flexible, a personas activas e influyentes en un amplio abanico de movimientos sociales y que participan en diversas organizaciones políticas y ciudadanas, así como intelectuales y gentes de la cultura comprometidas en la crítica del sistema y en la elaboración de alternativas.

Por  su carácter transversal a las corrientes de pensamiento de la izquierda marxista, libertaria, eco-socialista, socialistas de izquierda, etc., Socialismo 21, ha facilitado un diálogo fructífero en su seno, un conocimiento amplio del tejido social, y ha multiplicado su capacidad de incidencia e iniciativa política.

En las grandes iniciativas sociales, políticas y ciudadanas de estos años han estado presentes a título colectivo o personal los/as activistas de Socialismo 21: en la firma del Manifiesto de Democracia Real Ya convocando a la manifestación del 15 de mayo de 2011 que dio origen al movimiento 15M y participando en sus actividades posteriores, en la creación de las Mesas Ciudadanas para la Convergencia y la acción, en el impulso del Proceso Constituyente de las Asambleas ciudadanas, en el apoyo a la agrupación de los socialistas de izquierda. Apoyando la creación de marcos unitarios para organizar la respuesta social, primero en la Plataforma en defensa del “Estado del Bienestar” y recientemente en la “Cumbre social”. Participando en el desarrollo del Frente Cívico, etc.

Las gentes de Socialismo 21 también han participado en múltiples luchas sociales, en la organización de movimientos contra el desempleo, los desahucios y en defensa de los derechos sociales y los servicios públicos; en la defensa del funcionamiento democrático y la coherencia del programa anticapitalista y transformador en las organizaciones políticas en las cuales militan; en la elaboración de análisis sobre la geopolítica, la crítica de la Unión Europea y la evolución de la crisis, sobre el actual modelo de estado, y un sin número de materias; en el impulso del conocimiento y el debate a través de la Academia de pensamiento Crítico, el respaldo al periódico digital “Crónica Popular”, etc.

5.2. Por la construcción de un bloque alternativo social y político al “desorden” neoliberal

El balance positivo de lo realizado no nos impide constatar las carencias organizativas, y que de haber contado con una mayor capacidad y de dirección política, se hubiera reforzado y enriquecido el debate y la acción colectivas, multiplicando los resultados positivos.

Necesariamente marchamos hacia otras formas de organización. Los modelos políticos nacidos al calor de la post-guerra Europa y el proceso de “transición” española, hoy están abocados a una profunda crisis.

Nuestra preocupación y nuestros desvelos deben concentrarse en la construcción de un nuevo referente político capaz de acumular fuerza social y asegurar el éxito de las tareas para la transformación social y política. Socialismo 21 debe contribuir a ese nuevo proyecto emancipa torio. Esto implica que tenemos que ir mucho más allá de lo que somos, debemos contaminarnos aun más, con lo que hay y con lo que se mueve.

Se comienzan a crear las  condiciones de la existencia y el crecimiento de esta nueva plataforma indispensable para la realización de la política de izquierdas en nuestro país. La experiencia del 15M, y la reciente movilización madrileña del 25S, señalan, a pesar de los enormes déficits en dicha convocatoria, que hay una acumulación de fuerzas y voluntades ciudadanas que se plantean las tareas de acabar con el régimen decadente de la transición y del propio “desorden” neoliberal.

Hemos de garantizar a través del ejercicio de la reflexión y la acción social, la articulación de un bloque social mayoritario y alternativo al presente orden político-social.  Esta fuerza alternativa se ha de constituir con gentes sin afiliación, con militantes de fuerzas políticas diversas, con nuevas y viejas narraciones y biografías; sin que para ello hayan de perder su identidad puesto que ésta se forja sobre la práctica y la acción colectiva. La construcción de esta nueva mayoría social sólo podrá realizarse mediante la colaboración, el debate fraternal y el respeto a la diversidad de trayectorias de izquierda.

5.3. Objetivos y tareas de Socialismo 21 para la acción

El veloz desarrollo de la crisis sistémica que afecta al Estado español nos plantea nuevos y urgentes retos. Socialismo 21, tras la experiencia práctica en los últimos tiempos,  hemos extraído una serie de lecciones y conclusiones:

– Es necesario incrementar la capacidad de análisis estratégico.

– Hay que avanzar en la cohesión y agilidad internas para comunicar los análisis, iniciativas y propuestas al conjunto del tejido social y político.

– Debemos reforzar los medios políticos, organizativos y materiales  para implementar las principales tareas y objetivos.

Entre estas tareas y objetivos se encuentran:

–   La organización y desarrollo del Frente o Bloque Cívico o ciudadano.

–   La construcción de la izquierda transformadora.

–   Extender y consolidar el proceso constituyente de la ciudadanía.

–   La reconstrucción y fortalecimiento del movimiento obrero para responder con éxito a la ofensiva neoliberal, derogar la “contrarreforma laboral”, y desarrollar su potencialidad liberadora ante la crisis sistémica del capitalismo.

–   El impulso a la confluencia de las luchas y la solidaridad, de la movilización social en defensa de los derechos sociales y de las medidas que erradiquen el desempleo y la pobreza.

–   Impulsar la movilización ciudadana por la desvinculación de España de los Pactos y tratados de estabilidad de la UE que someten su soberanía a los dictados de los poderes económicos e instituciones no electas, y desmantelan los derechos sociales y laborales.

–   Moratoria de la Deuda Pública, que salvaguarde la prioridad del gasto social y permita  el crecimiento económico sostenible.

–   Aumentar la capacidad de respuesta en el curso del agravamiento de la crisis, en sus posibles escenarios, episodios y desenlaces.

–   Favorecer la dinámica antineoliberal y/o anticapitalista en los movimientos sociales y ciudadanos,

–   Proponer objetivos unificadores y una salida política a la crisis, tales como: Dimisión del gobierno Rajoy. Fuera los gobiernos títeres al servicio de la UE neoliberal. Asamblea constituyente.

Con el objetivo de profundizar y hacer un seguimiento de tareas y objetivos se propone organizar seminarios y/o conferencias sobre temas, como perspectivas y tareas  en los diversos movimientos sociales; crisis de régimen y modelo de estado; el futuro de la UE;  soberanía, democracia y proceso constituyente; crisis revolucionarias contemporáneas; la alternativa socialista frente a la barbarie en curso.

Para abrir debates de actualidad y generar diálogo y aproximación con otros/as activistas sociales y políticos se impulsarán “Academias de Pensamiento crítico” en aquellos territorios en donde Socialismo 21 tenga una implantación suficiente, aprendiendo de las experiencias desarrolladas.

5.4. Criterios para fortalecer la organización de Socialismo 21

5.4.1. Como criterios básicos hemos de mantener los mismos principios que han marcado la Asociación en el período anterior:

Nuestra organización política no viene a sustituir a ninguna otra, ni es incompatible con ninguna militancia previa ni obliga a abandonar aquella para acogerse a ésta. La  pluralidad de Socialismo 21 es manifiesta, sin perjuicio de su carácter anticapitalista y su apuesta rotunda por el socialismo.

No tiene vocación electoral, sino que aspira a promover y la conciencia y la acción social. Por lo tanto,  no planteará la disputa electoral con ninguna otra fuerza.

Impulsará la solidaridad y la unidad entre la izquierda evitando cualquier rasgo de sectarismo.

Sus posiciones y propuestas políticas se adaptaran de forma consensuada e integradora.

Se requiere un órgano permanente, con especial dedicación y en contacto fluido, de no más  de 7 personas,  que al mismo tiempo ejercerá de Comité de Redacción de la página Web y que no dejará de ser abierto y  flexible para aproximarse al funcionamiento de la actual Coordinadora federal.

Se promoverá especialmente la asistencia de  aquellos compañeros con experiencia de movilización y coordinación sectorial y se deberá contar con personas de las diferentes comunidades que puedan aportar reflexión y conocimiento de las realidades concretas en cada lugar.

La página Web ha de ejercer de medio de comunicación y vínculo de transmisión de la información y el debate.

5.4.2. Métodos de trabajo y objetivos de extensión y consolidación

La organización siempre ha de responder a varios criterios básicos: el marco, las formas y los tiempos del conflicto social en la perenne  guerra de clases.

La correlación de fuerzas en el momento presente hace imprescindible alejarnos de las estructuras piramidales clásicas. Nuestro modelo  se ha de asemejar más a una red de redes, a una estructura en tela de araña flexible y resistente capaz de responder a cualquier vibración, con capacidad de generar  la emisión de propuestas y de acción autónomas, en la medida que se adaptan a realidades concretas y especificas. Sin embargo, al mismo tiempo,  y esto es central, capaces de extender horizontalmente las propuestas y las experiencias.

Frente a la fortaleza del enemigo, la organización debe diversificar los frentes de contacto y  multiplicar las zonas de conflicto, para generar antagonismo político y social.

Dada la debilidad de nuestros medios, debemos  dinamizar y reforzar la página Web para que sea un marco de reflexión y elemento de socialización de experiencias. En este sentido hay que  reconocer y alabar el extraordinario esfuerzo hecho por los compañeros que han permitido su funcionamiento. Partiendo de este hecho, no se trata tanto de conseguir la colaboración de periodistas, articulistas o pensadores, que por supuesto también, sino de conseguir un hecho inédito, que todos los adheridos a S21 se conviertan además de dinamizadores en auténticos reporteros de las diferentes experiencias colectivas. Para ello la página WEB ha de crear un espacio capaz de hacer visible lo que los medios desean hacer desaparecer: la visibilidad del conflicto social.

En el plano organizativo interno, parece conveniente que la II Asamblea de S21 elija una Comisión permanente, con personas con especial dedicación y en contacto fluido (a modo indicativo unas 7 personas),  que al mismo tiempo ejercerá de Comité de Redacción de la página Web y que no dejará de ser abierta y  flexible, ante las circunstancias políticas y los problemas que surjan.

Además de esa Comisión permanente, son necesarios representantes por comunidad, provincia o localidad dedicados con exclusividad política a la extensión, organización y ejecución de iniciativas, para hacer más fuerte y tupida la red de S 21. No se trata tanto de nombrar responsables, sino de elegir facilitadores-comunicadores capaces de proponer y agilizar la comunicación horizontal.

En el corto plazo es necesario establecer un mapa de nuestro censo que nos permita visualizar nuestras fortalezas y debilidades en cuanto a número y distribución espacial, con los objetivos establecer Socialismo 21 en la mayor parte del territorio del Estado y de consolidarlo en los lugares que entendamos prioritarios.

5.4.3.  Objetivos para el reforzamiento organizativo y político de Socialismo 21

El necesario reforzamiento político y organizativo de Socialismo 21 para la acción, debe conjugarse con su carácter flexible y transversal, democrático y participativo.

Esto implica dar un paso en la conciencia organizativa entre las gentes de Socialismo 21, y el compromiso de garantizar en las agendas de cada cual un espacio para la actividad en Socialismo 21.

En este sentido, los siguientes objetivos organizativos a corto plazo parecen razonables:

La constitución de núcleos de Socialismo 21 en cada localidad donde haya un mínimo  de asociados/as a la asociación que les permita una actividad política articulada. En el caso de no cumplirse esos mínimos podrán organizarse asambleas comarcales o bien participar en las asambleas de las localidades más próximas.

Establecer coordinadoras en aquellas provincias donde haya un mínimo de 2 asambleas locales. En el caso de una comunidad autónoma, si solo existe una coordinadora provincial esta extenderá su ámbito de actuación a toda la comunidad integrando en la coordinación a representantes de las asambleas existentes en el resto de provincias. Las coordinadoras tendrán un funcionamiento periódico y regular.

Las coordinadoras convocarán con una periodicidad razonable asambleas provinciales y de comunidad autónoma para debatir y acordar objetivos y tareas en sus ámbitos.

Reforzar el carácter político-estratégico, y la capacidad de iniciativa política de la Coordinadora estatal de Socialismo 21 a fin de responder en tiempo real sobre el curso de los acontecimientos. Se constituirán las comisiones de trabajo que aseguren el desarrollo de las diversas tareas. La Coordinadora se reunirá periódicamente como mínimo cada trimestre, con una propuesta formal  de orden del día.

La Coordinadora estará compuesta por  la Comisión permanente  elegida  en la Asamblea federal de Socialismo 21, y los miembros elegidos en cada asamblea de comunidad autónoma. Se procurará su composición paritaria, y su funcionamiento flexible.

En la Coordinadora se asegurará una presencia mínima por comunidad autónoma donde exista estructura organizada, y de invitados donde no.

La Coordinadora funcionará entre reuniones a través de una lista de distribución automática donde socializar información y propuestas, así como adoptar decisiones. El mismo método podrán emplear las comisiones de trabajo.

La Coordinadora podrá invitar como observadores a delegaciones o representaciones de otras asociaciones de la izquierda transformadora con los que haya amplia coincidencia de proyecto, programa y funcionamiento democrático.

Por último, es imprescindible llevar a cabo el cumplimiento estatutario de atender la modesta cuota establecida para ser miembro de pleno derecho de Socialismo 21.

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